LA MIEL QUE TOME UN 21 DE FEBRERO
La tarde se pierde en el horizonte, las luces de la ciudad fría se encienden poco a poco parpadeando a lo lejos como luciérnagas en celo. Los nervios que se apoderan de nuestros cuerpos y la tarde ya se despide vestida de gris...
Cinco palabras, dieciséis letras que las aprieto por dentro y quieren salir, y en su afán desmedido por escapar se atoran en mi garganta; se agitan cual turba sedienta en mi boca como sindicato en manifestación, aprieto los dientes como si fueran barreras para impedir tan furiosa estampida de consonantes y letras agarrándose a trompadas entre la duda de quedarse o salir...
Aprieto con fuerza los labios para no dejar escapar esas cinco palabras dieciséis letras, pero son como fuego que quema y vibran con más fuerza en mis cuerdas bucales la frase subversiva que estalla como metralla en mi boca que enmudece de prudencia “¿puedo darte un beso?”...
Frase sencilla pero difícil de decir, frase que retumba en mi cabeza; respiro profundo casi que suspirando para recobrar el aliento...
Escucho en silencio las palabras que en tu linda boca se dibujan, mientras me pierdo hipnotizado en verde esmeralda de tus ojos que destellan un brillo cautivador mezclado con hermosura conjugado con la armonía de tu cara blanco transparente como delicada porcelana que no se puede tocar...
Te miro por momentos y por disimular desvío la mirada y la fijo en los grises nubarrones que revolotean saludando a la noche que llega cubriendo con su manto lo que queda de esta tarde de ensueño...
Una pausa silenciosa, un respiro enronquecido de ansiedad una mirada a las gemas verdes que decoran tus ojos, cinco palabras, dieciséis letras que tímidamente se despegan de mi boca “¿te puedo dar un beso?”; una respuesta como un susurro casi que silenciosa llega a mis oídos, un si, casi que imperceptible se desprende de tu boca...
Me acerco lentamente hacia tus labios rozándolos delicadamente con los míos, siento tu miel endulzando mi lengua, mi garganta, mi paladar, mi alma... tengo que parar para no cometer un impudencia, respiro profundo y solo se me ocurre decir lo bien que saben tus besos...
Te miro a los ojos te acerco hacia mi, recuesto tu cabeza sobre mi regazo y sigo bebiendo de tu miel sin hartarme...
mientras te beso imagino cuatas cosas mas podrían pasar, si hasta mis manos sueñan que te desnudan, hasta que un sacudón furtivo las despierta y se deslizan a hurtadillas acariciando punto a punto tu cuerpo, sobrecogiendo mi alma, tu alma, enredando mis pensamientos en una maraña de placeres escondidos que salen a mi encuentro y no los puedo controlar...
Convulsiono de placer, de alegría, nuestros besos y caricias se funden en un desenfrenado erotismo a punto de explotar...
Los nubarrones grises se pierden en la oscuridad y la fría ciudad se enciende a lo lejos como se encienden nuestros cuerpos de deseo, el deseo mas sublime que eleva las almas al cielo, hasta reventar en el clímax total, yo te veo venir y tu me ves llegar; un beso para calmar las ansias, un silencio prolongado una palabra imprecisa o tal vez dos un beso mas para callar el silencio, otro de despedida...
El manto de la noche acaba por ocultar los débiles y pálidos destellos de luz natural, luz de sol tenue que se pierde tras las montañas en el horizonte negro. Un beso mas como para decir adiós, enciendo el motor del auto tomo tu mano por un momento y retornamos lentamente hacia la realidad...
Una despedida de mano, un me llamas y todo vuelve a la normalidad...
La noche reina en todo su esplendor mientras te veo alejarte rápidamente, respiro profundo y no puedo evitar pensar... tal vez no le vuelva a ver, tal vez no vuelva a escuchar su vos, pero siempre recordare esa tarde de nubarrones grises en que me diste de beber de tu miel y yo quede moribundo de ansiedad de tenerte otra vez...
Esa tarde que se fue fugaz y se tiño de gris con el negro de la noche, ese 21 de febrero que tome la miel de tus labios nunca la voy a olvidar.... hasta siempre... por si ya no vuelvo a saber de vos...
Luís Alfredo fIGUEROA GARCIA
“como los dioses”
La tarde se pierde en el horizonte, las luces de la ciudad fría se encienden poco a poco parpadeando a lo lejos como luciérnagas en celo. Los nervios que se apoderan de nuestros cuerpos y la tarde ya se despide vestida de gris...
Cinco palabras, dieciséis letras que las aprieto por dentro y quieren salir, y en su afán desmedido por escapar se atoran en mi garganta; se agitan cual turba sedienta en mi boca como sindicato en manifestación, aprieto los dientes como si fueran barreras para impedir tan furiosa estampida de consonantes y letras agarrándose a trompadas entre la duda de quedarse o salir...
Aprieto con fuerza los labios para no dejar escapar esas cinco palabras dieciséis letras, pero son como fuego que quema y vibran con más fuerza en mis cuerdas bucales la frase subversiva que estalla como metralla en mi boca que enmudece de prudencia “¿puedo darte un beso?”...
Frase sencilla pero difícil de decir, frase que retumba en mi cabeza; respiro profundo casi que suspirando para recobrar el aliento...
Escucho en silencio las palabras que en tu linda boca se dibujan, mientras me pierdo hipnotizado en verde esmeralda de tus ojos que destellan un brillo cautivador mezclado con hermosura conjugado con la armonía de tu cara blanco transparente como delicada porcelana que no se puede tocar...
Te miro por momentos y por disimular desvío la mirada y la fijo en los grises nubarrones que revolotean saludando a la noche que llega cubriendo con su manto lo que queda de esta tarde de ensueño...
Una pausa silenciosa, un respiro enronquecido de ansiedad una mirada a las gemas verdes que decoran tus ojos, cinco palabras, dieciséis letras que tímidamente se despegan de mi boca “¿te puedo dar un beso?”; una respuesta como un susurro casi que silenciosa llega a mis oídos, un si, casi que imperceptible se desprende de tu boca...
Me acerco lentamente hacia tus labios rozándolos delicadamente con los míos, siento tu miel endulzando mi lengua, mi garganta, mi paladar, mi alma... tengo que parar para no cometer un impudencia, respiro profundo y solo se me ocurre decir lo bien que saben tus besos...
Te miro a los ojos te acerco hacia mi, recuesto tu cabeza sobre mi regazo y sigo bebiendo de tu miel sin hartarme...
mientras te beso imagino cuatas cosas mas podrían pasar, si hasta mis manos sueñan que te desnudan, hasta que un sacudón furtivo las despierta y se deslizan a hurtadillas acariciando punto a punto tu cuerpo, sobrecogiendo mi alma, tu alma, enredando mis pensamientos en una maraña de placeres escondidos que salen a mi encuentro y no los puedo controlar...
Convulsiono de placer, de alegría, nuestros besos y caricias se funden en un desenfrenado erotismo a punto de explotar...
Los nubarrones grises se pierden en la oscuridad y la fría ciudad se enciende a lo lejos como se encienden nuestros cuerpos de deseo, el deseo mas sublime que eleva las almas al cielo, hasta reventar en el clímax total, yo te veo venir y tu me ves llegar; un beso para calmar las ansias, un silencio prolongado una palabra imprecisa o tal vez dos un beso mas para callar el silencio, otro de despedida...
El manto de la noche acaba por ocultar los débiles y pálidos destellos de luz natural, luz de sol tenue que se pierde tras las montañas en el horizonte negro. Un beso mas como para decir adiós, enciendo el motor del auto tomo tu mano por un momento y retornamos lentamente hacia la realidad...
Una despedida de mano, un me llamas y todo vuelve a la normalidad...
La noche reina en todo su esplendor mientras te veo alejarte rápidamente, respiro profundo y no puedo evitar pensar... tal vez no le vuelva a ver, tal vez no vuelva a escuchar su vos, pero siempre recordare esa tarde de nubarrones grises en que me diste de beber de tu miel y yo quede moribundo de ansiedad de tenerte otra vez...
Esa tarde que se fue fugaz y se tiño de gris con el negro de la noche, ese 21 de febrero que tome la miel de tus labios nunca la voy a olvidar.... hasta siempre... por si ya no vuelvo a saber de vos...
Luís Alfredo fIGUEROA GARCIA
“como los dioses”
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